Olvido

Durante los años ochenta, el Fantasma de las Bragas Rotas amasó una gran fortuna con todos aquellos "veinte duros" que le daban los inquilinos de la habitación del hotel "para que se comprara unas nuevas". Una fortuna que, una vez inaugurada la nueva década y aún hasta en la actualidad, ha ido gastando en videntes, tarotistas y mediums tratando de averiguar por qué ha sido condenado al olvido, y en psicólogos, ansiolíticos y antidepresivos al no obtener respuesta por parte de ninguno de ellos.

Puntualidad

Ya estabamos acostumbrados a la falta de puntualidad de M..., sobre todo, en lo que a eventos importantes se refiere. El día de su boda, por ejemplo, hizo esperar a la novia dos horas en el altar. Y la comunión de su hijo, tres cuartos de lo mismo. Pero lo de hoy no tenía nombre. Después de más de cuatro horas y media esperando, se dignó a aparecer. No dijo nada. No se excusó. Simplemente se limitó a introducirse en el ataúd y dió la señal para que cerraran y continuaran con el sepelio.

Exito

Desde que mis palabras tienen una coloración azul verdosa, mi vida laboral ha mejorado. En la oficina, los compañeros me respetan mucho más que antes y me tienen mayor aprecio; Don A., mi jefe, me va a nombrar director de la sucursal que tiene nuestra empresa en Singapur, con el subsiguiente considerable aumento de sueldo.

Mi mujer es la culpable indirecta de todo. Cada mañana, antes de que se despierte, le saco los ojos y los chupeteo y saboreo hasta que mis cuerdas vocales se tiñen del color de sus ojos.






(Estas primeras Palabras, a modo de bendición del blog, van dedicadas a Roselynn, la mujer que amo.)

Tengo prisa

Vivimos continuamente mirando el reloj para asegurarnos de que llegamos a tiempo. O tarde. Siempre vamos con prisas. El trabajo, la cita del día, las compras. No tenemos tiempo para nada o casi nada.

¿Estás segur@?

¿Qué hay de esos minutos vacíos entre parada y parada de metro o autobús?. ¿Y de la cola del supermercado?. ¿Y de el siempre presente "Espere unos minutos" que aparece en la pantalla del ordenador mientras instalamos un programa?. ¿Por qué no rellenarlos con palabras entrelazadas de tal manera que formen una brevísima historia?

Tú pon esos minutos, que yo pondré esas palabras.

Bienvenidos.